El Ego




¿QUÉ ES EL EGO?


Hay varias definiciones de ego. Una es el aprecio excesivo que una persona siente por sí misma; otra, la que desarrollamos en esta nota, es la instancia psíquica que se reconoce como “yo”.

El ego es una entidad que se va autoconstruyendo a nivel inconsciente a lo largo de la vida a través de la adquisición de conocimientos, creencias, hábitos y experiencias. La falta de consciencia hace pensar que uno es eso que ha venido haciendo y experimentando.

El ego es una ilusión que pretende proyectar y mantener la idea de la separación. ¿La separación de qué?, de nuestra fuente, del Espíritu, de nuestro Padre, de Dios. Si nos sentimos separados del Padre entonces proyectaremos esta ilusión de la separación en toda nuestra experiencia de vida.

Nos sentiremos separados de los demás ya sea con un sentimiento de superioridad o inferioridad a través del juicio, rechazo, odio, orgullo, soberbia, etc. es decir, a través del miedo.

Si logramos ver hacia dentro de nosotros mismos encontraremos lo que es verdadero: nuestro auténtico Ser o Yo interior que nos muestra que nunca existió la separación, que somos uno con el Espíritu y que los de “allá afuera” son una extensión del Amor que se es. 

Lo único que puede impedirnos ver hacia dentro es el propio ego, ya que con solo verlo éste revelaría lo ilusorio de su naturaleza y por lo tanto quedaría expuesto a luz y al amor de Dios. La luz y el Amor disuelven toda presencia del ego, puesto que sana nuestra mente de la idea de la separación restaurando la Unidad. 

Darse cuenta de la existencia del ego, el “yo” mental  y emocional no creado desde adentro, sino impuesto por el medio, por la sociedad, es un primer paso en la toma de consciencia y en el despertar de lo que permanece dormido.

Al desechar al ego podemos sentir que perdemos todos los límites y nos sentimos aturdidos, aterrorizados, estremecidos, como si hubiera ocurrido un terremoto. Pero si tenemos valor y no retrocedemos, si no volvemos a caer en el ego y continuamos y seguimos más allá de él, nos encontramos con un centro escondido en lo más profundo de nuestro interior. ..nuestro verdadero ser, también llamado Yo Verdadero o Yo Superior

Aprender a ser es un aprendizaje duro que muy pocos finalizan porque el sistema educativo de la sociedad no da prioridad al autoconocimiento; en cambio, privilegia la información; ésto genera patologías de la personalidad, como no saber lo que se quiere o quién se es. Ello implica crear un ego distinto al real.


Esa creencia falsa, lo que uno cree que es, le impedirá potenciar lo que podría llegar a ser. La persona se identifica con el ego que es un fragmento de sí mismo y desconoce la dependencia a la que se somete, hasta que un buen día se despierta e intenta vivir libremente.

El ego es el medio que usa la inteligencia para lograr sus fines en un sistema educativo y en un medio social donde reina la imperfección. El riesgo es no descubrir el genio interior y quedar atado a roles y clichés alejados del centro espiritual. En una sociedad así nadie está contento con lo que hace.

No se puede operar sin una identidad. El creador del ego es la mente y cuando no la gobierna la conciencia entonces se fragmenta y corre el riesgo de ser dirigida desde afuera por una sociedad de consumo que ofrece siempre algo nuevo y genera el miedo a perderlo. Así se rebaja la energía y se carece de paz y felicidad en el presente.


El ego es una necesidad social. La sociedad fomenta el ego porque éste puede ser controlado y manipulado. Nadie ha escuchado jamás que la sociedad puede controlar al SER, eso no es posible. Luego, poco a poco, nos convencemos de que ese ego que la sociedad nos da es lo que somos.

Un cuerpo sin mente sería un vegetal sin capacidad de sentir, pensar o actuar. Una mente sin conciencia produce un ego manipulable y frágil. Aprender a ser quien realmente somos es posible sólo cuando se llega al origen de lo que se experimenta, eso que las emociones se encargan de manifestar. Cuando la mente se alinea con la conciencia optimiza sus capacidades de elección.

Tomar las riendas. La mente que no se contacta con su fuente espiritual carece de señales que orienten la acción. El ego vaga errante y las emociones no forman parte del espíritu. Al disociarse las emociones del Ser, los éxitos son fugaces y los traumas se internalizan; sin embargo, ancladas al espíritu brindan la sensación de unidad, amor, integración y paz.

La mente es un software que brinda libertad creadora, pero puede operar mal y originar un ego dividido cuando el programa está infectado por los virus que pululan en el contexto. En esas circunstancias se fabrica una prisión sin que se lo advierta porque nunca se vivió algo distinto.

El mundo es un espejo. Navegar en la falsa realidad no garantiza bienestar ni seguridad y el ego es presa fácil del contexto. La propagación de los virus crece rápidamente provocando impotencia y temor y lo anómalo se convierte en la norma. Al formar parte de eso con lo que se identifica, no conoce otro mundo. La mente lo hace adicto a esas falsas identidades que lo esclavizan y lo alejan de su verdadera esencia.




Esa moral se fundamenta en premios y castigos e impulsa a crear una identidad (ego) que le permite al individuo desenvolverse socialmente, aunque sienta que todo es mentira y  experimente la ausencia del Amor.

Un fanático que se siente superior, miente, persigue y mata revelando una mente disfuncional. Es difícil rebelarse al orden establecido o romper con una norma social muy arraigada. El ególatra es un autómata doliente cuya mente busca en el desván de su cabeza pensamientos viejos del pasado que no se detienen en el presente.

El radar o la brújula. El proceso de cambio se inicia cuando se deja de juzgar y valorarse desde afuera, cuando desistimos de la idea de imitar la moda, o a los ricos y famosos. Hasta ese momento no se usaba la brújula para conocer el mundo interior; todo lo que daba sentido a la vida estaba afuera, desde donde se regulaba la existencia, la moral, la identidad, el estilo de vida y las creencias.

Se producía así la desconexión con la identidad real. Ni siquiera se sospechaba de la existencia del verdadero centro vital. Sin embargo, ese “algo” con lo que se nace no se puede separar, aunque sí ocultar.

Al perder la consciencia de la verdad, se actúa en piloto automático. Esto genera seres vulnerables, dependientes, robotizados, reactivos y adictos a los estímulos que se frustran, se tensionan y se atemorizan con frecuencia. Son seres que se irritan cuando no suceden las cosas que desean.




El falso ego lleva a la desdicha. Cautiva con promesas de un futuro mejor que a la larga defraudan. Distorsiona la realidad y causa el sufrimiento por identificarse con creencias falsas. El ego siempre encuentra razones para sufrir con excelentes argumentos. Se especializa en crear víctimas que padecen injusticias. La preferida es: “el día que tengas esto o seas aquello podrás ser feliz”.

Sólo aprendiendo a elegir y a dejar de lado la desdicha se deja de ser esclavo de la mente.  La batería del auto usada para iluminarlo se arruina, pero conectada con el encendido del motor se recarga. Del mismo modo hay que conectar los deseos y  los recursos con los altos valores,con nuestra fuente espiritual.

No obstante, al ego hay que conocerlo y aceptarlo, toda pelea desgasta. Hay que agradecerle el haberse construido: ha sido y es muy útil. Ha puesto energía y dedicación. A nivel práctico, el ego no es más que la herramienta que nos ayuda a organizar los diferentes aspectos de nuestra personalidad de forma que podamos funcionar en el mundo, ser parte de él, interactuar en todas las situaciones  de nuestra vida y desenvolvernos con cierta soltura en todo lo que hacemos. Hay que entender para qué sirve y para qué no. En qué nos facilita las cosas y en qué las traba. Hay que saber cambiarlo, moldearlo, porque después de todo, el ego es una construcción. Fue una construcción inconsciente y automática hecha sin haber prestado la debida atención.

El ego en realidad fue creado para estar al servicio de nuestro yo interior y no al revés. Cuando el ego se confunde con la totalidad de nuestro ser, cuando sus personalidades dirigen al 100% nuestra vida y nos olvidamos que no fue ese el papel que le fue asignado, es cuando empezamos a tener problemas y a desconectarnos de la fuente que realmente ha de guiar nuestros pasos. 




El comienzo es importante. Al notar la disfuncionalidad en el ego se advierten sus diversas caras. En la desdicha se pueden cerrar los ojos y percibir la presencia que se oculta. Se necesita enfocar la atención en el presente, ver que las cosas no son como parecen, retirar la capa superficial hasta detectar la presencia de la ausencia. Así aparecen dos presencias. Descubrir cuál es falsa, es el principio. No hay que correr, sólo es cuestión de observar y tomar consciencia.

De pronto se descubre que se perdió la identificación y se la abandona. La mejor forma es que caiga como caen las hojas secas, sin hacer nada más que advertir su presencia. A las hojas secas se las lleva el viento.

Al madurar, el poder de la conciencia reconoce que el ego era causa de desdichas y que se desvanece al dejar de alimentarlo. La mente y el ego dejan de gobernar, se convierten en súbditos de la conciencia y la presencia es el verdadero centro. Presencia del Ser, sin identificación con máscaras. Sólo conciencia y sentimiento puestos en el presente.

Las técnicas de meditación permiten desprenderse de esa construcción y sumergirnos en lo que compartimos con todos los seres, ya que nos permite accesar otros estados de conciencia. Es difícil desprenderse del ego, aunque se es más consciente de que existe, hay que dejar de ser su víctima, aprender a manejarlo, prestar atención al diálogo con el cual uno se habla a sí mismo, se explica el mundo e intenta que las cosas encajen en los conceptos con los que acomoda el mundo externo al interno.


Conócete a ti mismo. La libertad es la capacidad de tener actos conscientes. Pero la racionalidad es limitada y cada observador puede ver otra realidad. Construir la verdadera identidad consume energías, pero es peor la falsa identidad o asumir como propios los planes ajenos, eludir compromisos, diferir la resolución de la crisis y caer en la parálisis por exceso de análisis.

Para que la identidad no sea un sueño y para evitar que como dijo Rousseau: el hombre nazca libre y sin embargo por todas partes se lo encuentre encadenado, hay que dominar la metodología que desarrolla nuestro potencial eligiendo los mejores proyectos y modelos para convertirnos en el arquitecto que diseña nuestro propio destino.

FORMAS DE MANIFESTARSE EL EGO


El ego se manifiesta en todo aquello que nos causa miedo en todas sus manifestaciones: Incomodidad, malestar desazón, irritación, preocupación. Las emociones y sentimientos contrarios al Amor son fabricados por el ego.


  • Toda aquella visión que señala diferencias de cualquier tipo, es ego. 
  • Aquello que juzga, es ego. 
  • Aquello que se ofende, es ego. 
  • Aquello que duda, es ego. 
  • Aquello que teme, es ego.
  • Aquello que sufre, es ego. 
  • Aquello que se ve y se siente especial, es ego. 

El sentimiento de culpa refuerza el ego. Sentir culpa o culpar por lo que se hace o se siente es prolongar la permanencia del ego fortaleciéndolo en su principio: la separación. Así pues, perdonarse a uno mismo y a los demás es la mejor manera de quitarle fuerza e importancia al ego falso y acercarnos a nuestra verdadera esencia.

El ego falso se proyecta así mismo en los demás. Cuando vemos problemas, imposibilidades, incapacidades y cuando vemos carencia en los demás, es el ego propio que se proyecta sin fin en los de “allá afuera”.

El ego falso fabrica ilusiones y funciona en la dinámica de: entre más da, menos tiene, percibiendo desde aquí bloqueos o desgastes que nos afectan a todos los niveles.

Quien conoce a su ego conoce lo ilusorio del mundo, sabe que las cosas son transitorias; quien conoce a su yo interior conoce a Dios, conoce bien las cosas que nunca cambian”.


























Te sorprenderá saber que todas las personas que tienen una gran personalidad hacen alarde de ello. Etimológicamente, "personalidad" proviene de "personas", que significa "máscara". La personalidad es, por tanto, un conjunto de máscaras, de EGOS. La individualidad, en cambio, es algo totalmente diferente: Es saber que eres único, pero no desde el ego, sino desde la creación. (G. Ferrara)












Fuentes de información: Marcelo Berenstein
Claudio María Dominguez
Fernando Saucedo



4 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que la nueva era ya está aquí :)

Gracias por esta publicación

Anónimo dijo...

Muchas gracias por la publicación.

chaplain: Rojas dijo...

Muy excelente.como dice la Biblia.lo fruto del espíritu y el fruto de la carne.

Anónimo dijo...

GRACIAS!

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