Efecto de las Emociones en la Salud



Fuente: Dr Eugenio Zampini, médico cirujano argentino, autor del libro " De Cirujano del Cuerpo a Cirujano del Alma".





PARA CURAR EL CUERPO PRIMERO HAY QUE SANAR EL ALMA

La sanación es mucho más que recuperar la salud física, es además, sanar el alma. Significa ampliar nuestros límites, sentirnos parte del todo e incrementar nuestra capacidad de amarnos a nosotros mismos y de amar a otros. Sanarse es recuperar el equilibrio perdido.
Las enfermedades se relacionan con las emociones y la medicina moderna debería ser una medicina cuerpo- mente-alma para lograr la armonía. La enfermedad es un desequilibrio energético que va más allá del cuerpo físico. Se extiende hacia lo mental, lo espiritual y lo emocional, interactuando entre los cuatro niveles. El ser humano es un todo, no podemos separarlo. Aquella persona que enferma su cuerpo físico, seguro que tiene otro desequilibrio desde lo mental, lo espiritual o lo emocional.

La sanación depende de la actitud, porque no se trata de buscar una explicación, sino de ver la oportunidad que representa. Desde una enfermedad se puede crecer y evolucionar, se puede cambiar, ser más sabio y tener más conciencia de uno mismo.





Si la persona vive su enfermedad como un castigo o cree que se debe a su mala suerte y que ella no tiene ninguna responsabilidad en ello, entonces esa enfermedad no le servirá para nada y todo seguirá igual.

La enfermedad es la respuesta que estábamos buscando sobre todo lo que nos pasa en la vida; y darnos cuenta de qué es lo que nos dice la enfermedad es el primer paso para recuperar la salud.


En tiempos de estrés, preocupaciones y tensiones cotidianas pareciera que el cuerpo, las emociones y la razón van a destiempo y por carriles distintos. Perder la noción de unidad y aislarse de las sensaciones del cuerpo tiene un precio que nunca es económico: puede ser el síntoma o el malestar, pero también la enfermedad. En tal caso, siempre hay “llamados de atención” que anteceden al síntoma en sí: puede ser un simple dolor de cabeza, insomnio, un golpe o un traumatismo, así como cualquier situación de ansiedad o angustia; todos son avisos que nos están queriendo dar un mensaje. Y de eso se trata: aprender el mensaje de la enfermedad para evolucionar en la vida.

El síntoma es el grito del cuerpo que hay que escuchar para comprender la causa de su aparición. El síntoma es positivo, no negativo, porque nos indica los aspectos que tenemos que resolver. Eliminar el síntoma sin tratar de comprenderlo nos quita la oportunidad de aprender qué es lo que tenemos que cambiar. Si el problema por ejemplo es la ira y el enojo permanente, el amor incondicional y el perdón pueden disminuir los síntomas físicos.


La diferencia entre el hombre común y el sabio es que el primero se mantiene en uno de los polos de los opuestos, mientras el sabio elige el justo medio, el equilibrio.

Buscar las causas de un síntoma es un recurso limitado, porque sólo podemos preguntarnos por qué y cómo ocurrió el problema. Para poder entender el mensaje que la enfermedad transmite tendremos que reemplazar los por qué y los cómo por el para qué.

La enfermedad trae consigo un mensaje y a la vez un beneficio a nivel inconsciente, aunque sea una enfermedad grave.

Estos beneficios pueden ser:

* Permiso para salid de una situación desagradable
* Atención, cuidado o cariño
* Restaurar la energía psicológica
* Estímulo para crecer o para cambiar malos hábitos
* No tener que cumplir expectativas de otros o propias.

La enfermedad es la alarma que se enciende cuando una persona pierde el rumbo de su vida y tendrá que cambiar para lograr el equilibrio perdido.

Para recuperar la buena salud tenemos que reconocer qué debemos escuchar y prestar atención a nuestra sabiduría interior, porque la respuesta a la pregunta para qué enfermamos está en nuestro inconsciente y en general se relaciona con nuestros miedos, nuestros resentimientos y con nuestras propias exigencias internas. 

Otro aspecto importante es aprender a sentir y expresar las emociones, porque si la mente está llena de pensamientos, no puede manifestar su poder curativo. Hay poca gente que sabe expresar sanamente su ira o su enojo, y mucha gente no acepta la tristeza como expresión vivida. Es muy importante la actitud y la postura que uno adopte en la vida. Si uno reprime las emociones, en algún momento éstas le pasan factura al cuerpo. 







Todo lo que nos pasa en la vida es responsabilidad nuestra. Todos los factores externos son predisponentes, pero el que tiene el componente para generar la enfermedad es uno. La herencia es importante, pero no determinante, así como las creencias. Cuando decimos “la persona tiene que recuperar su salud”, hay diferentes factores a tener en cuenta: su manera de pensar, de sentir, qué hace con las emociones y cuál es su sistema de creencias.

El entorno también forma parte de nuestras creencias y de nuestros mandatos. Nosotros tenemos posibilidad de modificarlos. Hay personas que pueden creer, por la formación que recibieron, que la vida es una lucha, un sacrificio… que hay que aguantar todo. Si recibe estas creencias y se da cuenta que está actuando en función de ellas, puede cambiarlas  y adoptar una nueva postura en relación con lo que cree y lo que siente. También muchas de esas creencias perjudican la expresión de las emociones. “No te enojes porque es peor”, “no llores porque no es de hombres”, etc. Tomar en cuenta que actúo de acuerdo a lo que me contaron me permite modificar mis creencias y llevar una vida distinta. Hay personas que viven desde lo negativo y esto lo reiteran en sus pensamientos.






El primer paso para el cambio es la observación y la toma de conciencia sobre cómo estoy parado frente a la vida. Si el paciente toma el rol de victima porque tiene beneficios, hay que ver, por un lado, qué ventajas logró desde este papel y por otro, la enfermedad. Yo llevo al paciente a ver que puede lograr lo mismo y más si toma las riendas de su vida. Es mucho más placentero ver lo que uno puede lograr si se lo propone.











Entrevista al Dr. Jorge Carvajal (2009), Médico Cirujano de la Universidad de Andalucía en España, pionero de la Medicina Bioenergética.

¿QUÉ ENFERMA PRIMERO, EL CUERPO O EL ALMA?
El alma no puede enfermar, porque es lo que hay perfecto en ti, el alma evoluciona, aprende. En realidad, buena parte de las enfermedades son todo lo contrario: son la resistencia del cuerpo emocional y mental al alma. Cuando nuestra personalidad se resiste al designio del alma es cuando enfermamos.
¿HAY EMOCIONES PERJUDICIALES PARA LA SALUD? ¿CUÁLES SON LAS QUE MÁS NOS PERJUDICAN?
Un 70% de las enfermedades del ser humano vienen del campo de conciencia emocional. Las enfermedades muchas veces proceden de emociones no procesadas, no expresadas, reprimidas. El temor, que es la ausencia de amor, es la gran enfermedad, el común denominador de buena parte de las enfermedades que hoy tenemos. Cuando el temor se queda congelado afecta al riñón, a las glándulas suprarrenales, a los huesos, a la energía vital, y puede convertirse en pánico.















La ira es santa, es sagrada, es una emoción positiva porque te lleva a la autoafirmación, a la búsqueda de tu territorio, a defender lo que es tuyo, lo que es justo. Pero cuando la ira se vuelve irritabilidad, agresividad, resentimiento, odio, entonces se vuelve contra ti y afecta al hígado, la digestión y el sistema inmunológico.

















La alegría es la más bella de las emociones porque es la emoción del corazón, de la inocencia, y es la más sanadora de todas porque no es contraria a ninguna otra. Un poquito de tristeza con alegría escribe poemas. La alegría con miedo nos lleva a contextualizar el miedo y a no darle tanta importancia. La alegría suaviza todas las otras emociones porque nos permite procesarlas desde la inocencia. La alegría pone al resto de las emociones en contacto con el corazón y les da un sentido ascendente. Las canaliza para que lleguen al mundo de la mente.

La tristeza es un sentimiento que puede llevarte a la depresión cuando te envuelves en ella y no la expresas, pero también puede ayudarte. La tristeza te lleva a contactar contigo mismo y a restaurar el control interno. Todas las emociones negativas tienen su propio aspecto positivo, las hacemos negativas cuando las reprimimos.










¿ES MEJOR ACEPTAR ESAS EMOCIONES QUE CONSIDERAMOS NEGATIVAS COMO PARTE DE UNO MISMO?

Como parte para transformarlas, es decir, cuando se aceptan fluyen y ya no se estancan y se pueden transmutar. Tenemos que canalizarlas para que lleguen desde el corazón hasta la cabeza. ¡Qué difícil! Sí, es muy difícil. Realmente las emociones básicas son el amor y el temor (que es ausencia de amor), así que todo lo que existe es amor, por exceso o defecto. Constructivo o destructivo. Porque también existe el amor que se aferra, el amor que sobreprotege, el amor tóxico, destructivo.











¿CÓMO PREVENIR LA ENFERMEDAD?

Somos creadores, así que yo creo que la mejor forma es creando salud. Y si creamos salud no tendremos ni que prevenir la enfermedad ni que atacarla, porque seremos salud.

¿Y SI APARECE LA ENFERMEDAD?
Pues tendremos que aceptarla porque somos humanos. También enfermó Krishnamurti de un cáncer de páncreas y no era nadie que llevara una vida desordenada. Mucha gente muy valiosa espiritualmente ha enfermado. Debemos explicarlo para aquellos que creen que enfermar es fracasar. El fracaso y el éxito son dos maestros, pero nada más. Y cuando tú eres el aprendiz, tienes que aceptar e incorporar la lección de la enfermedad en tu vida. Cada vez más personas sufren ansiedad. 


La ansiedad es un sentimiento de vacío, que a veces se vuelve un hueco en el estómago, una sensación de falta de aire. Es un vacío existencial que surge cuando buscamos fuera en lugar de buscar dentro. Surge cuando buscamos en los acontecimientos externos, cuando buscamos muletas, apoyos externos, cuando no tenemos la solidez de la búsqueda interior. Si no aceptamos la soledad y no nos convertimos en nuestra propia compañía, vamos a experimentar ese vacío y vamos a intentar llenarlo con cosas y posesiones. Pero como no se puede llenar con cosas, cada vez el vacío aumenta.













¿Y QUÉ PODEMOS HACER PARA LIBERARNOS DE ESA ANGUSTIA?


La angustia no se puede pasar comiendo chocolate, o con más calorías, o buscando un príncipe azul afuera. La angustia se pasa cuando entras en tu interior, te aceptas como eres y te reconcilias contigo mismo. La angustia viene de que no somos lo que queremos ser, pero tampoco lo que somos, entonces estamos en el "debería ser", y no somos ni lo uno ni lo otro.


El estrés es otro de los males de nuestra época. El estrés viene de la competitividad, de que quiero ser perfecto, quiero ser mejor, de que quiero dar una nota que no es la mía, de que quiero imitar. Y realmente sólo se puede competir cuando decides ser tu propia competencia, es decir, cuando quieres ser único, original, auténtico, no una fotocopia de nadie.







El estrés destructivo perjudica el sistema inmunológico. Pero un buen estrés es una maravilla, porque te permite estar alerta y despierto en las crisis y poder aprovecharlas como una oportunidad para emerger a un nuevo nivel de conciencia.







¿QUÉ NOS RECOMENDARÍA PARA SENTIRNOS MEJOR CON NOSOTROS MISMOS?

La soledad. Estar con uno mismo cada día es maravilloso. Estar 20 minutos con uno mismo es el comienzo de la meditación; es tender un puente hacia la verdadera salud; es acceder al altar interior, al ser interior. Mi recomendación es que la gente ponga su despertador 20 minutos antes para no robarle tiempo a sus ocupaciones. Si dedicas, no el tiempo que te sobra, sino esos primeros minutos de la mañana, cuando estás fresco y descansado, a meditar, esa pausa te va a recargar, porque en la pausa habita el potencial del alma.







¿QUÉ ES PARA USTED LA FELICIDAD?

Es la esencia de la vida. Es el sentido mismo de la vida. Encarnamos para ser felices, no para otra cosa. Pero la felicidad no es placer, es integridad. Cuando todos los sentidos se consagran al ser, podemos ser felices. Somos felices cuando creemos en nosotros, cuando confiamos en nosotros, cuando nos encomendamos transpersonalmente a un nivel que trasciende el pequeño yo o el pequeño ego. Somos felices cuando tenemos un sentido que va más allá de la vida cotidiana, cuando no aplazamos la vida, cuando no nos desplazamos a nosotros mismos, cuando estamos en paz y a salvo con la  vida y con nuestra conciencia.





¿ES IMPORTANTE VIVIR EN EL PRESENTE? ¿CÓMO LOGRARLO?

Dejamos ir el pasado y no hipotecamos la vida a las expectativas de futuro cuando nos volcamos en el ser y no en el tener. Yo me digo que la felicidad tiene que ver con la realización, y ésta con la capacidad de habitar la realidad. Y vivir en realidad es salir del mundo de la confusión.


¿TAN CONFUNDIDOS ESTAMOS, EN SU OPINIÓN?
Tenemos tres ilusiones enormes que nos confunden. Primero creemos que somos un cuerpo y no un alma, cuando el cuerpo es el instrumento de la vida y se acaba con la muerte. Segundo, creemos que el sentido de la vida es el placer; pero a más placer no hay más felicidad, sino más dependencia. Placer y felicidad no es lo mismo. Hay que consagrar el placer a la vida y no la vida al placer. La tercera ilusión es el poder; creemos tener el poder infinito de vivir.





¿Y QUÉ NECESITAMOS REALMENTE PARA VIVIR?, ¿ACASO EL AMOR?


El amor, tan traído y tan llevado, y tan calumniado, es una fuerza renovadora. El amor es magnífico porque crea cohesión. En el amor todo está vivo, como un río que se renueva a sí mismo. En el amor siempre uno puede renovarse, porque todo lo ordena. En el amor no hay usurpación, no hay desplazamiento, no hay miedo, no hay resentimiento, porque cuando tú te ordenas porque vives el amor, cada cosa ocupa su lugar y entonces se restaura la armonía. Ahora, desde la perspectiva humana, lo asimilamos con la debilidad, pero el amor no es débil. Nos debilita cuando entendemos que alguien a quien amamos no nos ama.











Hay una gran confusión en nuestra cultura. Creemos que sufrimos por amor, que nuestras catástrofes son por amor, pero realmente no es por amor, es por enamoramiento, que es una variedad del apego. Eso que llamamos habitualmente amor es una droga. Igual que se depende de la cocaína, la marihuana o la morfina, también se depende del enamoramiento. Es una muleta para apoyarse, en vez de llevar a alguien en mi corazón para liberarlo y liberarme.


El verdadero amor tiene una esencia fundamental que es la libertad, y siempre conduce a la libertad. Pero a veces nos sentimos atados a un amor. Si el amor conduce a la dependencia es eros. Eros es un fósforo y cuando lo enciendes se te consume rápidamente, en dos minutos ya te quemas el dedo. Hay muchos amores que son así, pura chispa. Aunque esa chispa puede servir para encender el leño del verdadero amor. Cuando el leño está encendido produce el fuego. Ese es el amor impersonal, que produce luz y calor.




¿PUEDE DARNOS ALGÚN CONSEJO PARA ALCANZAR EL AMOR VERDADERO?
Solamente la verdad. Confía en la verdad; no tienes que ser como la princesa de los sueños del otro, no tienes que ser ni más ni menos de lo que eres. Tienes un derecho sagrado, que es el derecho a equivocarte; tienes otro, que es el derecho a rectificar y perdonar, porque el error es tu maestro. Ámate, sincérate y considérate. Si tú no te quieres, no vas a encontrar a nadie que te pueda querer. El amor produce amor. Si te amas, vas a encontrar el amor, si no, vacío. Pero nunca busques una migaja, eso es indigno de ti. La clave entonces es amarse a sí mismo y al prójimo como a ti mismo. Si no te amas a ti, no amas a Dios, ni a tu hijo, porque te estás apegando, estás condicionando al otro. Acéptate como eres; lo que no aceptamos no lo podemos transformar, y la vida es una corriente de transformación permanente. 






















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