La Esencia de la Naturaleza





Dependemos de la naturaleza no sólo para nuestra supervivencia física, también dependemos de ella para que nos enseñe el camino a casa, el camino de salida de la prisión de nuestras mentes.

Llevar nuestra atención a una piedra, un árbol o un animal, no significa “pensar en ellos”, sino simplemente percibirlos, darnos cuenta de su existencia. Entonces ellos nos transmiten algo de su esencia y podemos SENTIR lo que profundamente descansa en nuestro Ser completamente unificado con el todo. Al darnos cuenta de ello, nos inunda un sentimiento de paz y armonía.

Cuando nos encontremos rodeados de la naturaleza, debemos honrar ese reino permaneciendo en él serenamente, observando... mirando… escuchando e interactuando con él.

Las plantas y los animales son completamente ellos mismos. A diferencia de los humanos, no están divididos en dos. No viven a través de imágines mentales de sí mismos y por eso no tienen que preocuparse de proteger y potenciar esas imágenes. Todas las cosas naturales, además de estar unificadas consigo mismas, están unificadas con la totalidad.


Si cada persona tuviera al menos una idea de la magia que existe en la naturaleza y sus cuatro elementos: tierra, aire, agua y fuego, el respeto por las fuerzas naturales sería mayor.

Nos hemos perdido en el hacer, en el pensar, en el recordar, en el anticipar y hemos olvidado lo que las rocas, las plantas y los animales ya saben. Nos hemos olvidado de ser nosotros mismos; de estar en silencio, de estar donde está la vida: Aquí y Ahora.




La magia de la naturaleza es impresionante. Estamos subordinados a ella y no a la inversa; por lo tanto, podemos unirnos a ese inmenso poder para hacer nuestra vida más gratificante. Haciéndola nuestra aliada obtenemos muchos beneficios.

Si entendemos que TODO ES ENERGIA, que estamos inmersos en un Universo compuesto de Energía y que nosotros formamos parte de ese todo, viviríamos junto a la naturaleza, y no contra ella.

Podemos establecer una conexión con la Naturaleza para descubrir sus poderes. La lluvia, el aire, las rocas, los árboles, las flores, el mar, la niebla y todo cuanto ella contiene nos proveen de los recursos necesarios para nuestra felicidad; todo depende de cómo la tratemos. La energía siempre responderá en proporción a lo que hagamos con ella.

Es sabido que las plantas  que reciben “caricias”  de sus dueños  y se les habla por lo menos 10 minutos al día crecen más hermosas, sanas y vistosas que las demás. La naturaleza es generosa y agradecida. Cuando necesitemos extraer algo de ella es recomendable pedir permiso y dar gracias. Las plantas que reciben esta atención especial generan flores y frutos más hermosos y con mayores nutrientes.

La Naturaleza no está hecha sólo para los seres vivos. Los Elementos de la naturaleza desean respeto, después de todo, la Tierra nos alberga, nos cobija y nos nutre; absorbe nuestras ansiedades y nos reconecta con la Energía del Universo. El fuego, por ejemplo, renueva nuestras energías, estimula nuestra capacidad de acción y da paz y calidez al medio ambiente. El Aire envía nuestros deseos y pensamientos a cualquier parte del Universo donde una fuerza más grande que nosotros la escucha y responde a ella. El Agua nos limpia y descontamina de energias tóxicas para nuestro organismimo. La tierra da al cuerpo enfermo todos los elementos necesarios para su curación y bienestar, pues se considera la fuente de todas las energías y de todos los principios vitales.





Cuando caminamos entre los árboles en un parque o un bosque, podemos llegar a sentir la energía que desprenden. Los celtas creían que cada árbol poseía un espíritu sabio y que sus rostros podían verse en la corteza de sus troncos y sus voces escucharse en el sonido de las hojas moviéndose con el viento.






Los árboles nos ayudan a establecer contacto con el poder de la naturaleza, nos dan herramientas para sanarnos, relajarnos, fortalecernos, cargarnos de energía vital y recibir los mensajes de la madre Tierra.


Existen cada vez más personas que han comprobado los beneficios de abrazar a los árboles. Al revés que con las personas, que al abrazarlas podemos notar pérdidas de energía debido a factores emocionales, con un árbol siempre notaremos que nos revitaliza.








No olvidemos que todo ser vivo es energía y al igual que nosotros, los árboles tienen la suya propia. Muchas veces entramos en sintonía y sentimos cómo fluye ésta energía expresando nuestra sensación de bienestar, tranquilidad, serenidad, etc.



La energía que emanan los árboles, al igual que la nuestra, es invisible al ojo físico. Es lo que llamamos el aura.

El árbol, al igual que las personas, está emitiendo vibraciones energéticas constantemente y son perfectamente asimilables por el ser humano. Se pueden absorber y podemos beneficiarnos de sus efectos.



EXISTEN DOS FORMAS FUNDAMENTALES DE CAPTAR LA ENERGIA:

1. A través de la emanación áurica del árbol

Su extensión es más o menos grande según las características de cada árbol y su situación ambiental. Bastará penetrar en su radio de acción. Este tipo de energía se absorbe con el simple hecho de pasear por un bosque, conscientemente podemos aumentar su captación regulando nuestra respiración a un ritmo tranquilo y algo profundo.









En la práctica, esto lo podemos hacer de la siguiente manera:

Camina entre árboles y escoge alguno que te llame la atención Acercate a él, observalo y capta su energía.No trates de analizarlo mentalmente o de establecer un vínculo emocional. Sólo procura captar su tono vibratorio.

Tócalo al mismo tiempo que cierras los ojos, con tu mano izquierda. Reconoce su fuerza y su influencia en el entorno. Observa si es un árbol solitario o un pastor de árboles que tiene influencia sobre el colectivo. Capta si su energía es curativa, o si es protectora y amorosa, o si es sabia, o si es imponente en todo ese territorio o de cualquier otro tipo. Acepta esa energía sin más y pregúntate si deseas recargarte a ti mismo con esa fuerza. 






Establece contacto con la energía del árbol mediante tu corazón energético. Vacía tu ruido interno, fluye en el amor y escucha al árbol. Capta su espíritu. Preséntate con tu nombre y entra en un espacio donde la comunicación es energética y no sonora. Puedes pedir consejo sobre cualquier situación que necesites, cargarte de energía, relajarte o aceptar su sabiduría.

Escucha la energia en tu corazón, da las gracias, levántate y despídete poniendo tu mano derecha sobre su tronco.




2. En contacto directo con el árbol

Utilizando las manos:
A través de ellas podemos realizar una captación más consciente, son una zona muy sensible a la emisión y captación vibratoria ya que en la palma existen varios puntos de entrada y salida de energía. La posición más conveniente es la de seguir las grietas o fisuras de la corteza en el sentido que las presenta el árbol. Utilizando la espalda: La parte central de la espalda, recorriendo la columna vertebral, se encuentra el canal energético principal del cuerpo. Apoyando esta zona en el tronco del árbol absorberemos la energía que emana.




Desde la antigüedad ya se sabía que cada árbol alberga un espíritu que le confiere una fuerza determinada, una energía que le da un poder genuino y exclusivo según a la clase que pertenezca.

En ocasiones podemos buscar la fuerza del árbol para mitigar el dolor de una enfermedad, para superar las preocupaciones, o simplemente para conseguir alcanzar nuestro propio equilibrio. Este intercambio energético no afecta negativamente al árbol, ya que éste las transmite a la Madre Tierra y ésta las transmuta completamente.

En las técnicas orientales, como el chi-kung, hay una postura que se llama “abrazar el árbol”. Esta posición estática alinea todos los huesos del modo más eficaz posible.
Buddha se iluminó bajo una higuera. Jesús estuvo en el monte de los olivos. A los cátaros les gustaban las acacias. Los Druidas preferían la fuerza masculina del roble para usar su sabiduría. Los jóvenes enamorados buscaban el tilo para confiar sus intimidades amorosas porque representaba el vigor de Venus.

De cualquier modo, existen diferentes clases de árboles y es un ejercicio interesante conocer las diferentes energías que fluyen a través de ellos. Una buena forma de hacerlo es abrazándolos al mismo tiempo que nos hacemos uno con él.















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